Cuando se habla de liderazgo

Cuando se habla de liderazgo, inmediatamente se vienen a la mente imágenes como multitudes, protestas e ideas de cambio. Sin embargo, hoy día, y dada las condiciones del nuevo ciudadano inmerso en los procesos de globalización, acariciado por la evidente transculturación, la figura del líder común o general, ha sufrido una metamorfosis, es decir una transformación inexorable en pro de su cabal desempeño, pues los otrora mítines demagogos plenos de frases hechas y lugares comunes, han perdido vigencia, aunque aún como los fósiles, quedan unos que otros.

La comunicación del líder debe establecer una relación empática con sus seguidores, y no a través de discursos escritos por otros.El líder debe hacer un esfuerzo personal que excluya todo fingimiento y crear una verdadera comunión entre su corazón y su mente, una comunión espiritual, donde la argumentación del tema tratado sea tan fehaciente, que persuada sin duda alguna, a los receptores.

En su discrso debe sentir, ver, juzgar y actuar, porque si la palabra no conduce a la acción, entonces es palabra estéril, vacía de significado. Por ello, este motivador de masas, debe evitar las frases hechas y los lugares comunes, que otrora dieron tantos resultados, pues la ingenuidad de este pueblo creyente y noble no tenía límites.

La expresión del líder, es el reflejo de su mundo interior, en tal sentido el que aspire a conducir gentes, debe fortalecer sus valores y principios. Se debe convertir en un virtuoso, dado que el valor comunicacional de un líder reside en el apropiado uso de sus recursos mentales para evitar la ruptura entre el pensamiento y la acción. Calor, color y vida ha de estar implícito en las palabras, para lograr persuadir, orientar, controlar y planificar sus obras y alcanzar las metas propuestas.

La mirada, los gestos y ademanes, coadyuvan o desdicen mucho desde su grado de probidad y puede o no, transmitir confidencialidad y seguridad a sus oyentes ya que ser transparente implica aprender a deshacerse de las máscaras, ser congruente con lo que dice y hace, y ante todo, creer ciento por ciento en su doctrina.

Asimismo, el líder debe estar consciente de que la palabra es un arma de doble filo, que cuando no es utilizada con asertividad y justicia, puede volverse contra él, destruyéndolo ineluctablemente.

En consecuencia, si un líder quiere optimar sus estrategias como buen comunicador debe demostrar su pensar y sentir a través de las palabras, manejar con propiedad la intensidad y el volumen de la voz, utilizar la técnica del silencio, como respuesta sabia y establecer un lazo sólido y diáfano con su gente.

Habla para que te pueda ver” Citaba un filósofo. Cuando una persona habla dice quién es y hasta donde llega su grado cultural, su preparación intelectual. No hay mejor tarjeta de presentación que el lenguaje. Hablar bien genera grandes dividendos, respeto, admiración y seguidores.

En síntesis, usted decide ser uno más del montón o ser UN LÍDER DE CALIDAD.

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