La Película más Importante

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Observar lo hace cualquiera. Observarse a uno mismo está reservado para los grandes.
– DM

Me encanta el cine. Me gusta poner el botón de apagado de mis actividades diarias, para desconectarme un poco y disfrutar una buena película con alguna persona importante en mi vida.

Me fascina la idea de poder trasladarme a otro mundo, a otro espacio, con otras personas, que tal vez existen sólo en la mente del guionista.

Es mágico poder disfrutar de una buena proyección, con unas ricas palomitas, un refresco bien frío y sentir la emoción de conocer una nueva historia, ajena a la nuestra, pero con la que podemos identificarnos más de lo que creemos.

Recuerdo hace algunos años, que después de haber disfrutado la película de Patch Adams, una gran amiga, me hizo una pregunta que me dejó congelado: ¿Cómo se llamaría la película de tu vida? 

Son esas preguntas que prefieres evadir, que te dejan sin habla, porque no tienes ni la más remota idea de qué responder. En esos momentos no sabía si reír, si llorar, si salir corriendo o reflexionar. Decidí hacer lo último.

No podía dejar atrás mi faceta de comunicador. Llegaron a mi mente miles de ingeniosas y creativas ideas como título. Estaba pensando algo que tuviera chispa, que impresionara, que atrapara al espectador, que tuviera rating o, como se dice en el argot publicitario, que vendiera.

Mi amiga me respondió de golpe diciéndome: “No le metas mercadotecnia, es una pregunta personal, deja que hable tu corazón”. 

Tenía razón. Tenía que dejar que mi corazón contestara. Era una pregunta sencilla que yo mismo la estaba haciendo complicada. 

Antes de responder me imaginé en una sala de cine totalmente vacía. La misma sala que visitaba de niño. La misma sala que me enseñó a imaginar y soñar sin límites.

Pero en esa escena la imaginé con un silencio sepulcral. Ya no escuchaba el murmullo de las personas emocionadas antes de iniciar, el tronar de las palomitas o los llantos de los bebés. Estaba totalmente solo frente a una pantalla en blanco. 

En esos momentos hice un recuento de toda mi vida. Empecé a ver mentalmente en esa película, cada uno de los momentos que me marcaron para siempre. Algunos difíciles, otros increíblemente maravillosos, otros que me dejaron un aprendizaje sobre cómo hacer las cosas y otros sobre cómo no hacerlas. 

La película seguía e iban apareciendo personajes que me dejaron algo importante. Algunos siguen en mi vida, otros llegaron, me dejaron su enseñanza y se fueron tal vez en 5 años, 2 meses o 1 minuto. 

Fue un ejercicio de reflexión que pasó en segundos pero lo seguí disfrutando horas después. 

¿Sabes? Me gustó la película, porque fui el guionista. Me gustó la película porque me dieron la libertad de tomar decisiones. Me gustó la película porque me vi guiado por un director llamado Dios y unos personajes estelares llamados amigos, familia y maestros.  

 A pesar de que la imagen no se veía clara todo el tiempo, entendí que cada momento, cada instante, inclusive los aparentemente malos o borrosos, tuvieron que haber pasado. En ninguna escena hubo cortes, ni de más ni de menos. No hubo edición ni fotomontajes. La película la observé tal cual se fue grabando.  

Sin esos momentos dolorosos, de crisis y soledad, pero también de amor, alegría y entusiasmo, la película de tu vida no sería igual. Tienes que pasar por todo tipo de experiencias para que al final se proyecte una obra maestra. 

Si me preguntas qué le contesté a mi amiga o cómo titulé mi película, sinceramente… no lo sé; todavía no lo descubro. Por lo pronto me dedico a disfrutarla, porque queramos o no, es la película más importante que jamás podremos volver a filmar, al menos en esta Tierra.

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