La Visión del Líder

La visión del líder le indica cuál es el objetivo a realizar y trabaja incan­sablemente por lograrlo. La visión del líder le hace cuestionar su rea­lidad y lo lanza a la acción, a la búsqueda del cambio; la visión no es algo que se pueda enseñar, es algo que se tiene que encontrar y nace de un estado positivo de inconformidad. La inconformidad es el ini­cio para un estado de descomposición, mientras se busque la mejora habrá crecimiento, de lo contrario se entrará en la declinación. “El camino más rápido es el camino hacia abajo.”

La visión representa un estado futuro a lograr, la dimensión del proyecto es en la misma proporción a su grandeza; el problema con­siste en que en nuestra actitud predomina el “por qué no se puede lo­grar”, en lugar de pensar ¿cómo lograrlo?, la confianza de creer que ¡sí se puede! a pesar de los obstáculos y las adversidades.

Para tener visión es necesario:

Inconformidad + Positivismo + Convicción + Decisión = Realizaciones

Hoy más que nunca los líderes y subordinados buscan un sentido a su trabajo, por lo que los líderes que desean obtener el carisma y la atracción a sus sueños deberán tomar como punto de referencia:

Inconformidad.- Detectar oportunidades de mejora ante las deficiencias actuales y áreas de mejoramiento, aunque no necesariamente provengan de fallas y de las expectativas de la nueva competencia.

Convicción.- Construir un ambiente de confianza a través de la congruencia del líder , de que sus propuestas son modelos que el líder mismo practica, y da prueba manifiesta hasta el sacrificio personal para lograr el obje­tivo deseado.

Decisión.- Lanzarse a la acción con hechos concretos para convertir lo propues­to en realidad, utilizando todos los medios que estén a su alcance y produciendo las opciones requeridas para lograrlo, aun cuando las si­tuaciones circunstanciales sean adversas. El optimismo del líder ante la adversidad crea confianza y motivación.

Los líderes de Excelencia describen la situación actual como into­lerable y de inmediato el cambio y la visión del futuro se convierten en la piedra angular, despertando la creatividad y deseo de coopera­ción de su gente. Napoleón Bonaparte decía: “La imaginación gobierna al mundo”; para motivar a la gente es necesario hacerla soñar, trans­mitiendo la visión en la forma más atractiva posible y que es necesa­rio alcanzarla de manera urgente y ahora.

La visión es atrayente cuando se presenta en sus impactos sociales y humanos, no simplemente como un logro de resultado financiero, sino como factor que contribuye con la humanidad, haciendo sentir a toda la gente como colaboradores de un nuevo orden social. Además, el líder presenta su visión con tal sencillez que aumenta su visión y credibilidad y las soluciones a los problemas que se vayan presentan­do serán vistas como retos, no como problemas.

El líder muestra su visión como la razón de ser que justifica todo el esfuerzo que realiza por alcanzar una meta, la cual es también un motivo para trabajar en equipo y exige la cooperación de todos sus miembros. Mientras más desafiante sea la visión ante el presente, au­mentará su fuerza ante sus subordinados y entre más profunda sea será más trascendente.

Cuando el mercado o el momento social presentan una oportuni­dad, el líder carismático busca aprovecharla al máximo. Es un error pensar que la visión del líder le llega milagrosamente; el proceso es gradual y es el resultado de una intensa búsqueda, la visión nadie nos la puede dar, es necesario encontrarla.

El éxito en la visión del líder se basa en su conocimiento profundo de las realidades y de las limitaciones del entorno, así como de las oportunidades, y en su empatía con las necesidades de sus seguidores. Si el líder se aleja de la realidad o deja de ser sensible a su gente, su propia visión corre el peligro de convertirse en una utopía. Los éxitos tempranos pueden producir miopía en la visión del líder, o que se crea infalible y se niegue a comprender las realidades desde otros puntos de vista. El líder siempre debe estar dispuesto a reorientar su propia visión.

Ser intolerante hacia “porque siempre se ha hecho así”, ¿por qué no en forma diferente y mejor? Este sentido de inconformidad es una fuente de energía del líder carismático, que siempre está a la búsqueda de oportunidades de hacer más con lo mismo o con menos, y además es impaciente, parece tener mucha prisa para que las cosas cambien aquí y ahora, siempre está identificando retos mayores, aunque esta velocidad puede convertirse en debilidad si no va consolidándose y aterrizando en forma adecuada a cada cambio.

La insatisfacción positiva es un ingrediente esencial para la vida cor­porativa y es parte vital del éxito de la empresa de Excelencia. El lí­der debe desarrollar este sentido de inconformidad optimista en sus subordinados y simultáneamente debe proyectar una imagen de futuro muy superior a la situación actual.

El líder debe desarrollar una comunicación franca y de confianza con su gente para poder percibir las deficiencias y aprovechar la opor­tunidad de mejora no comunicada, pues también existen opciones de mejoramiento no necesariamente derivadas de fallas o deficiencias.

Nada sucederá hasta que nuestra gente no haga conciencia de la nece­sidad del cambio, de esta actitud se deriva el sentido real de la superación, y el líder deberá convertirse en un agente concientizador y de estímulo constante para desafiar el estatus actual y lanzar a su equipo a la bús­queda de nuevas soluciones. En la medida en que lo logre se medirá la efectividad del líder.

¿Qué significa esto?, a usted que está leyendo estas líneas le pregun­to: ¿realmente está conforme con su empresa?, ¿podrá mejorarse? ¿podremos superar nuestros estatus?, ¿podremos lograr que nuestra em­presa, nuestro departamento, nuestra área o nuestro puesto sea mejor? Creemos que sí se puede, ya contamos con esa semillita que está germinando , no desde el punto de vista negativo, crítico o destructivo, sino como un estímulo positivo que nos impulse realmente a hacer las cosas bien.

Somos inconformes pero también negativos, ¿por qué negativos? Amamos la casa que no tenemos, el trabajo que no tenemos, los hijos que no tenemos, la pareja que no tenemos; y obviamente, no nos he­mos dado cuenta de que es necesario aprender a amar lo que realmen­te sí tenemos: nuestro trabajo, nuestra casa, las circunstancias, nuestros amigos, nuestra pareja, nuestros hijos, lo que sí está en nosotros y está en nuestras manos cambiar, hacer lo mejor con lo que tenemos en lugar de quejamos amargamente, ser intolerantes en el sentido de que todo se puede hacer mejor, todo lo podemos superar, ser permanen­temente inconformes positivos puesto que siempre existirá una me­jor forma de hacer las cosas.

Lleguen por favor mañana a su oficina, reúnan a su equipo y pre­gunten: ¿Oigan, podremos ser mejores, podremos realmente hacer algo mejor?; se van a quedar sorprendidos de la gran cantidad de ideas y sugerencias que tiene la gente para hacer las cosas mejor.

Lee Lacocca se llevó a la Chrysler a uno de los supervisores de la Ford y cuando platicó con él, le interrogó: “Oiga, ¿cuántos años llevaba en la Ford?”; el empleado contestó: “17 años”. Lacocca le volvió a cues­tionar: “¿Y nunca se le ocurrió alguna mejora en su trabajo?”; le res­pondió: “Sí, muchas”. Le preguntó Iacocca: “¿Por qué no las dijo?”, y la respuesta del empleado fue: “Porque nadie me las preguntó”.

Tene­mos que damos cuenta de que existe un poder enorme en nuestra gente, pero ¿qué necesitamos de un líder insatisfecho? Que capitali­ce el talento de su gente, la sabiduría del equipo de trabajo.

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