Misión – Compromiso

Compromiso

Los líderes de Excelencia viven sus sueños intensamente hasta convertirlos en realidad; tales han sido los casos de Disney, con su mundo de la fantasía; Watson, en IBM; Matsushita Electric; Morita en Sony, y otros. Detrás de cada empresa de Excelencia existe un líder comprometido con un sueño, sueño que nace de una visión, es decir, con un estado futuro ideal por realizar. Una visión es una meta que atrae a gritos, transforma a los trabajadores de una organización de robots, que cumplen ciegamente instrucciones, en seres humanos comprometidos con una empresa creativa y con objetivos superiores, Cuando los individuos sienten que pueden producir alguna diferencia, y que pueden mejorar la sociedad en la cual viven mediante su participación en una organización, entonces aportan su fuerza y entusiasmo a su diario trabajo. Además, la gente se hace capaz de tomar decisiones difíciles sin tener que acudir a niveles más altos de la organización cada vez que se requiere, porque ha aprendido cuáles son los resultados finales que se buscan.

El líder transformador debe construir para la empresa una visión del estado futuro deseable. Debe permanecer como la responsabilidad básica del líder, y no puede ser delegada. El asunto es que la transformación de la arquitectura social tiene que empezar en la cima de la organización, con su líder máximo, y debe contar con el apoyo de los principales ejecutivos. La organización debe ser movilizada para aceptar y sostener la nueva misión, para hacerla realidad.

Las palabras, los símbolos, el entrenamiento y el reclutamiento, aunque indispensables, son insuficientes; se hacen necesarios también cambios en los procesos administrativos, la estructura corporativa, el estilo de dirección y, sobre todo, una nueva escala de valores que impliquen una nueva visión. Los valores deberán recalcar especialmente la calidad y la Excelencia, antes que el precio y la utilidad. Tener una visión clara del futuro, que a la vez, sea simple, fácilmente comprensible, evidentemente deseable y estimulante.

Después de que el líder crea la visión y moviliza el compromiso, quizá comienza la tarea más difícil: institucionalizar la visión, traduciéndola en acciones específicas; es a lo que se llama arquitectura social, que es una de las responsabilidades básicas de la dirección.

La arquitectura social es aquello que proporciona significado y compromiso a todos los miembros de una organización; es la variable silenciosa que da sentido a todas las funciones que se realizan en la empresa.

El líder de Excelencia entiende que el sentido de la vida consiste en emplearse en un propósito que reconoce como grande, ser una fuerza de la naturaleza, en lugar de ser persona febril y egoísta, llena de lamentos acerca de que el mundo no se dedique a hacerla feliz; que vive intensamente, consciente de su trascendencia histórica, y contempla su vida no como fugaz chispazo, sino como una antorcha que brilla con la mayor intensidad posible antes de pasarla a las nuevas generaciones.

Los líderes se comprometen, en primer lugar, consigo mismos, y luego con los demás, con la fe de que sus ideales son alcanzables y sus conductas ejemplifican dichos ideales con la acción.

La pregunta obligada a que dan lugar los conceptos anteriores: ¿y de dónde surge la visión del líder?

Hay tres fuentes para buscar orientación al respecto: el pasado, el presente e imágenes de alternativa de posibilidades futuras. Se tiene que tomar en cuenta todos los datos históricos para aumentar la comprensión de lo que ha intentado la empresa; en particular en el pasado, qué tan bien lo ha hecho y por qué. Posteriormente, analizar el momento actual, sus circunstancias, limitaciones y oportunidades, y finalmente visualizar el sueño futuro por realizar.

La tarea de sintetizar un rumbo apropiado para la organización se complica por el crecido número de dimensiones de la visión que se requiere. Los líderes necesitan pre – visión, de manera que puedan juzgar cómo calza la visión en el entorno actual de la organización para que pueda evolucionar, visión histórica, de tal forma que puedan respetar las tradiciones y cultura de la organización; visión analítica, para que puedan interpretar el impacto de cualquier tendencia nueva; visión conceptual, con objeto de que puedan ver la totalidad del panorama en detalle y perspectiva; visión periférica, de manera que puedan percibir las reacciones de los competidores y de los propios accionistas ante la nueva dirección; y revisión, para que puedan examinar constantemente lo realizado a la luz de los nuevos cambios ambientales. El verdadero arte del liderazgo consiste en la interpretación de toda esa información.

Todos los líderes de Excelencia parecen ser maestros en el arte de seleccionar, sintetizar y articular una visión apropiada del futuro, lo que es una cualidad de los líderes de todos los tiempos.

El líder, como arquitecto social, es en parte artista, diseñador y artesano; necesita articular nuevos valores, ofrecer nuevas visiones y usar una variedad de herramientas para transformar, sostener e institucionalizar nuevos significados y direcciones.

Para lograr con éxito una transformación, deben ocurrir tres cosas:

  • Crear una nueva y atractiva visión capaz de llevar a la fuerza laboral a un lugar nuevo.
  • Crear un compromiso con la nueva visión.
  • Institucionalizarse la nueva visión.

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