Profesión: Vivir

vivir

Ser bombero, pintor, policía, arquitecto, doctor, presidente o escritor podría ser el sueño de millones de niños y la realidad de muchos adultos. Cada quien, de acuerdo a sus vivencias y decisiones, ha ido tomando el camino que considera correcto. Algunos nos fuimos por el lado de la comunicación y del humanismo, otros prefirieron las artes, la física o las ciencias naturales. Inclusive un amigo estudiante de periodismo decidió ser payaso profesional.

Conozco doctores trabajando como taxistas, físicos como entrenadores de fútbol o inclusive personas sin estudios pero con una visión emprendedora y ahora son grandes empresarios. La cuestión no está en el tópico, sino en la forma en que aportamos un granito de arena a la sociedad haciendo lo que nos gusta y por consecuencia teniendo una realización plena.

Dicen que la profesión no nos hace más o menos, nosotros hacemos a la profesión. En lo que debemos de concentrarnos está en ser profesionales y buscar siempre una profesionalización (dícese: excelencia). Como decía un amigo, yo no decidí ser barrendero, me tocó, pero lo que sí decidí fue ser el mejor barrendero de mi ciudad, del país, del mundo.

Hay que enfocarnos hasta en los más pequeños detalles, hay que disfrutar con alegría al desempeñar nuestra profesión, sea cual sea, desde que nos levantamos y nos ponemos el traje, cargamos las “herramientas” o el maletín hasta que llegamos a nuestra casa agotados pero con una satisfacción que nadie nos podrá quitar. Eso se logrará cuando realmente estemos convencidos, cuando nos apasione lo que hagamos, ahí dejaremos de trabajar para el resto de nuestra vida; y cuando pensemos que por encima de la remuneración económica, se encuentra todo un mundo esperando algo de nosotros, una aportación, un mensaje, un ladrillo más en la pared de la esperanza de una vida extraordinaria.

En mi camino como entrenador personal, enfocándome en mejorar la calidad de vida de las personas, desde empresarios hasta niños de primaria, he descubierto que antes de desarrollarnos como profesionistas y aún sin tener un título académico podemos comenzar a ejercer la profesión de mayor importancia: la de VIVIR.

A fin de cuentas ¿De qué sirve el éxito profesional, las cuentas bancarias repletas de ceros, los millones de diplomas colgados en la pared, reconocimientos, convivir con altas esferas de la política o los medios de comunicación? ¿De qué sirve ser bombero, policía, doctor, político o cantante, si ni siquiera hemos aprendido a vivir?.

Podemos elegir el mejor camino a nivel profesional, pero si no tenemos un sentido de trascendencia, más allá de nuestros propios límites, todo habrá sido en vano. Con esto se me viene a la mente, el ejemplo del padre exitoso con toda la capacidad monetaria para satisfacer las necesidades de sus hijos, pero que se olvida de la capacidad de cariño para satisfacer sus necesidades de ser amados, de ser escuchados. O también aquella mujer, involucrada en política, pero sin unos cuantos minutos para compartir con sus amigas; inclusive el maestro de universidad, que prefiere ganarse una imagen en la institución y tener mejores honorarios, antes de brindar CALIDAD de vida a sus alumnos.

No podemos encerrarnos en nuestra burbuja de alcanzar el éxito profesional, que desde luego es una meta muy positiva y algo a lo que todos aspiramos, pero no podemos escalar la montaña si no tenemos las suficientes provisiones (tranquilidad, paz interior, alegría, entusiasmo, tiempo, cariño, amor), no podemos correr sin caminar primero, no podemos administrar nuestros negocios, si primero no hemos administrado nuestra vida.

Es importantísimo que fijemos metas a corto, mediano y largo plazo en los cuatro aspectos integrales del ser humano: FÍSICO, MENTAL, ESPIRITUAL Y EMOCIONAL. Sería interesante que en este día le diéramos una calificación según nos encontremos en cada área y al darnos cuenta de la realidad, visualizar un futuro más promisorio pero con decisión, y estrategias concretas.

Respetar nuestras siete u ocho horas de sueño, comenzar un poco de ejercicio, leer un buen libro, meditar, escuchar música relajante o simplemente darse un tiempo para platicar con nuestro interior, podrían ser excelentes ejemplos motivadores para iniciar con esta profesión que tal vez tenemos un poco olvidada.

Seamos auténticos profesionales, expertos en la carrera de vivir, con especialización en EXCELENCIA. Cada quien a su modo, a su manera, de acuerdo a su experiencia y aprendizaje personal, pero siempre sin olvidar el objetivo final: Trascender, rompiendo límites y dejando una huella imborrable en el corazón de todos los hombres.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *