¿Qué hace a un buen líder?

No hay una respuesta sencilla para esta pregunta. Situaciones diferentes exigen cualidades distintas: el valor del general que conduce a sus tropas a la batalla, la visión de un reformador social que ve que podría mejorarse la calidad de vida, la confianza de un político convencido de tener razón. Pero, sean cuales fueren sus cualidades, los lideres tienen en común al menos tres aspectos: saben que su visión es correcta, tienen la iniciativa para transformar los pensamientos en acción y poseen la dedicación para poner tal visión en práctica. Esta receta para el liderazgo puede parecer desalentadora, pero todos tenemos las cualidades para ser líderes. Sólo tenemos que descubrir una forma de sacarlas a la luz.

La motivación es una clave del liderazgo: el deseo de tener éxito y la voluntad de no dejarse derrotar. Tales sentimientos proceden del interior de los individuos, aunque existen técnicas para ayudar a un líder a sacar lo mejor de los demás. Lo que sí debe estar claro es que valentía, percepción, seguridad en sí mismo, sensatez, empeño y proactividad son cualidades que todo líder debe tener en alguna medida para poder ejercer sus funciones. La forma en que se manifiestan estas cualidades depende del contexto y de las circunstancias.

Un líder tiene muchas tareas que emprender, algunas de las cuales suponen tomar decisiones difíciles. Por ejemplo, necesita equilibrar los diferentes aspectos de la realización de una tarea, satisfacer a los individuos implicados y mantener el espíritu de equipo. Estas tres consideraciones son igualmente importantes, y un buen líder comprende cómo satisfacer demandas que a veces entran en conflicto con un equilibrio productivo y armonioso. El líder debe, entre otras cosas, valorar a su equipo, evitando los malos tratos físicos y/o emocionales, y dirigir de manera acertada, centrándose en la motivación, al propiciar el interés por lo que se hace, al otorgar reconocimientos cuando sea merecido, al delegar responsabilidades y al ofrecer perspectivas de mejoramiento reales.

El poder también es un aspecto central del liderazgo. Aunque todos los lideres tienen poder sobre su equipo, éste puede funcionar de formas diferentes. Para que los lideres sean realmente efectivos, su poder tiene que basarse en el respeto. Pero tal respeto no surge cuando se pone el sombrero de líder. Es algo que se tiene que ganar. El respeto del equipo no será ofrecido de forma gratuita. El líder podrá hacer que la gente le tema o que le obedezca, pero jamás podrá obligar a alguien que lo respete. No se gana el respeto con una posición de autoridad, y no se trata de un derecho, por lo que no se puede exigir.. Siempre será necesario ganarse el respeto.

Del mismo modo que las cualidades de liderazgo varían mucho, también puede cambiar el papel del líder, según sus objetivos específicos. Un líder tiene que saber adaptarse lo suficiente como para afrontar situaciones con las que no está familiarizado. El primer paso de tal flexibilidad consiste en saber qué tipo de líder se es. Tal liderazgo puede estar guiado por el intelecto, por los sentimientos o por la acción, y puede también cambiar el estilo ante situaciones diferentes.

Aquellos que manejan un liderazgo basado en el intelecto, suelen ser analíticos, lógicos, de pensamiento claro y preciso, y se desenvuelve mejor en discusiones racionales, centrándose siempre en las reglas y procedimientos. Con frecuencia, este tipo de líder muestra cierta insensibilidad hacia los demás, por lo que le cuesta establecer relaciones adecuadas con los miembros de su equipo.. Por otra parte, los líderes con predomino de los sentimientos presta gran importancia a la cooperación, considerando de gran valor el aspecto social del trabajo, de forma tal de obtener lo mejor del equipo ofreciendo respeto, confianza y ánimo. No obstante, a un líder así le será un tanto difícil en ocasiones imponer disciplina. Por último, el líder de acción es el que necesita tener siempre el control. Está orientado hacia los resultados, respondiendo con celeridad a los problemas y oportunidades que surgen. Suelen ser muy seguros de sí mismos. Sin embargo, tienden a ver al personal como líneas de producción y no como seres humanos. A cambio, éstos perciben a este tipo de líderes con algo de temor e incluso se generan resentimientos en algunos de sus colaboradores.

En fin, se puede decir que no hay un perfil definitivo del líder perfecto. De hecho, todos poseemos las cualidades necesarias para dirigir, pero hay que aprender a hacerlas salir a la superficie.

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