Cada día nos exige Mejor Preparación

Cada día nos exige Mejor Preparación

Cada día nos exige Mejor Preparación. En cierta empresa, cuenta una historia, existía un estilo y ritmo de trabajo muy particular, como el de toda empresa. Sin embargo, el medio ambiente fue determinando la incorporación de nuevos trabajadores, con nuevos estilos y diferentes ritmos de trabajo.

Poco a poco, la empresa fue alcanzando la paridad con el mercado laboral. Esta paridad significó que la empresa como tal, no era la misma de antes y a la vez si lo era, ya que se querían conservar los valores y el espíritu de su fundador. Esto era bueno y positivo, ya que le dictaba pautas nuevas a los antiguos y situaba correctamente a los más nuevos.

Entre los empleados más antiguos se encontraba el Sr. José con más de 30 años en la organización, ejemplo de perseverancia, lealtad y responsabilidad.

Entre los más nuevos se encontraba el Sr. Pedro, quien había sido contratado por su potencial, su preparación y sus habilidades para tomar decisiones. La empresa contaba también con el Lic. Mario, quien era el jefe del departamento donde laboraban los dos empleados mencionados.

Llegó el momento de aplicar la meritocracia y el Sr. José reclamó al enterarse que el Sr. Pedro lo había superado en salario, aún cuando los dos tenían cargos y funciones similares. Como era de esperarse el Sr. José canalizó su reclamo con el Lic. Mario, comunicándole a este último su inquietud.

En el momento en el cual se desarrollaba la conversación, el Lic. Mario escuchó un ruido en la calle, detrás de la oficina donde le informaba al Sr. José su decisión, tratando de basar su explicación en razones objetivas. De inmediato, le dijo al Sr. José: Por favor, averigüe que es ese ruido en la calle.

El Sr. José se encaminó y al rato volvió con la siguiente información: “ Son dos carretas, señor”. “¿Qué traen esas carretas?” – preguntó el licenciado. De nuevo el Sr. José se encaminó y regresó con la siguiente información: “Traen mamones”. Nuevamente el Lic. Mario preguntó “¿Cuántos kilos de mamones traen?”. Volvió el Sr. José a la calle y cuando regresó refirió lo siguiente: Las carretas traen 20 kilos de mamones cada una”.

El Licenciado al oír esto preguntó: “¿Cuánto cuesta el kilo de mamón?”; el Sr. José tuvo que regresar nuevamente a la calle y cuando obtuvo la información se dirigió nuevamente a la oficina de su jefe para decirle: “El precio de los mamones es de dos mil bolívares el kilo”. El Lic. Mario con toda esta información decidió llamar al Sr. Pedro. Al tenerlo en la oficina, le instruyó: “Vaya a ver que es ese ruido en la calle”, y le dijo al Sr. José: “Espere en la oficina a que vuelva el Sr. Pedro”.

Al rato, regresó el Sr. Pedro con la siguiente información: “El ruido era producido por dos carretas con veinte kilos de mamones cada una, y pertenecen a Don Florentino, quien las vino a vender al pueblo a un precio de dos mil bolívares el kilo, pero si la compramos toda, la vende por mil setecientos bolívares el kilo”. Ante tal situación, solo bastó la mirada del Lic. Mario para que el Sr. José comprendiera que, a pesar de sus años en la empresa, aún le faltaba mucho por aprender.

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