Carácter

Carácter

Este Post Trata Sobre el Carácter. ¿Que tan vital y trascendente es el carácter en el ser humano? ¿Cuanto valor utilitario tiene comprender su naturaleza y poder? Aquí se aspira a responder a estas interrogantes en un mensaje muy breve.  Con certeza lo es, para todo individuo, por el solo hecho de ser persona, y muy en particular es valioso, para quienes asumen el cargo y la responsabilidad de ser dirigentes-líderes (actitud de Líder)  en las organizaciones humanas: empresas, hogar, institutos educativos, grupos deportivos, en fin, en todo grupo que debe trabajar como un equipo humano vigorosamente cohesionado, con el objeto de conseguir objetivos preestablecidos de interés común, en un ambiente laboral humano, armonioso y  logrando que mediante la libertad individual de dar de si, voluntariamente y sin temor, y si por amor, nos identifiquemos con el equipo humano  y nos comprometamos a buscar el bienestar colectivo, mas que la prioridad de satisfacer el interés individual. El “poder” del carácter se expresa en la capacidad de influir en y en erigir la conciencia de los demás, para inducirlos, a crecer y trascender como personas,  es decir, “liderazgo”.   El dirigente – líder es aquel que cultiva conscientemente su capacidad para influir en otros, básicamente afirmándose y en atención,  a su ascendiente moral, que procede de la edificación de su carácter. Carácter es obligarse a si mismo a hacer lo que es correcto, a pesar del precio que haya que pagar y cualquiera que tal precio sea. Es la fuerza y elevación de ánimo natural de alguien, su firmeza y energía que le da identidad y le distingue de otro. Es sujetar las pasiones a la razón, y mandar sobre las acciones propias. En una organización (empresa, iglesia, hogar, otros) el carácter se manifiesta en conductas ajustadas a las normas y principios rectores de la organización, así como a la moral y a la ética.

Carácter no es, las actitudes de maltrato, rigor, severidad, sarcasmo, ironía, arrogancia, maldecir, tiranía, inclemencia, crueldad, dominación, humillación, adulación, obediencia ciega, acatamiento servil y explosiones emocionales. Todo esto es, en síntesis, grosería, degradación, falta o fallas de carácter. En conclusión, el atributo fundamental que distingue al dirigente-líder es su carácter,  de allí que  el dirigente-líder antes de mandar a los otros se manda a si mismo, se auto obliga a hacer lo correcto, él primero, y es así que por su modo de obrar, se convierte en ejemplo  que los demás siguen. Un buen modelo de dirigente-líder son nuestras mamás.

Por el contrario, el dirigente-jefe (actitud de Jefe) sobresale por la degradación de su carácter. Él procura  sustituir a la fuerza y sin consentimiento de nadie, suplir el poder de influencia que da y nace del carácter, por la autoridad que emana del cargo, de su posición y estatus jerárquico, de su  dinero,  del hecho de ser propietario, de su sexo, de su imagen publica, de su reputación,  titulo académico, antigüedad en la empresa, vejez, relaciones y vínculos de amistad y políticas con otros núcleos de poder, o de un sin fin de circunstancias ajenas a su propio ser.  El jefe desconoce e ignora que estas circunstancias son temporales, superficiales, efímeras, que son muletas, al que recurre el débil  de carácter, y que no hay modo que inspiren ni fundamenten el ascendiente moral mínimo para dirigir al talento humano. En consecuencia, si no hay carácter no se tiene la habilidad y el poder de influencia y por ende la legitimidad para gobernar con justicia. Claro que sí se gobierna y se obedece, pero bajo el temor y el resentimiento. No se obtiene el ascendiente moral ni el sentido y significado de pertenencia a un equipo, orgulloso de si, con autonomía propia, que cumple con sus responsabilidades con mayor mística cuando el jefe se ausenta. Para encontrar ejemplos, no hay que ir muy lejos, es suficiente mirarnos en nuestros adentros, y sin esfuerzo en el espejo. No nos hagamos los pendejos. El dirigente-jefe manda, para eso se es el jefe, no requiere de ninguna otra justificación y mandar hacia fuera, a los demás es muy fácil, no hay que dar explicaciones ni razones. Impongo o compro la obediencia. Saben que es bien difícil, mandar hacia dentro y dominarse así mismo y así obtengo la obediencia, pues hacerlo exige el carácter robusto que va edificando al dirigente líder.

El valor utilitario del carácter esta ni mas ni menos en que nos permite, ante los retos,  conocer quienes somos y no hay sustituto por la satisfacción que engendra saber quien se es,  pues nos ahorra mucha energía en pretender ser lo  que no se es (sifrinismo), usando caretas, actuando en un teatro en que obtenemos aplausos obligados, muchos “si mi jefe”, muchas dudas en nuestros adentros, y quizás muchas mas en nuestros afueras, en aquellos a quienes dirigimos y que nos obedecen sumisos y obligados del rostro hacia fuera, pero rebeldes y resentidos.

Estas reflexiones  posiblemente provoquen en algunos reproches y desvelos por las noches, pero bien vale la pena, pues las fallas de carácter no es una enfermedad, es carencia de voluntad y humildad. El ser humano tiene a su mano edificar su carácter. Totalmente de mí depende.  Todos tenemos fallas de carácter. Todos somos sabios en el saber y estúpidos en el hacer. Lo que yo soy es el regalo de Dios para mí, lo que hago con lo que soy, es mi regalo para Dios.

 

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