El Poder de dar Motivación

El Poder de dar Motivación

El Poder de dar Motivación. No hay acciones sin motivo. Toda persona tiene que tener un impulsor para hacer cualquier cosa en la vida. Se tienen motivos para sonreír, pero también para llorar o estar enojado; se tienen motivos para estar alegre y también para sentirnos apesadumbrados; se tienen motivos para ser una persona optimista y también para ser una persona pesimista.

Cuando nos encontramos con una persona desanimada, aburrida, o con poco entusiasmo, es común que se diga: “Esa persona está desmotivada”. La realidad es que la desmotivación no existe, es una utopía pensar que existan acciones sin motivos. El maestro Carl Gustav Jung establece uno de los principios más importantes en la conducta humana al decir que: “Toda acción corresponde a un motivo”.

Los motivos son la parte nuclear de la voluntad; y esa voluntad es la parte central de donde realmente generamos toda esa energía que se convierte en acción.

¿Sabe usted, cuál es el día en que una persona, en una empresa, está más motivada? Seguramente está usted pensando en el día de pago, o tal vez el día viernes… Pues no, el día que la gente está más motivada en un trabajo es el primer día de trabajo. Ese día la gente está entusiasta, alerta, quiere servir a todo mundo, lleva su mejor sonrisa, se pone su mejor traje. Pero luego, dentro de la organización, le dan motivos para que esa persona no siga actuando igual. ¿Ha visitado por casualidad alguna oficina de gobierno, de recaudación, de seguridad social, o de servicios públicos…? Cuando usted entra en ellas, inmediatamente los empleados se levantan y hasta se atropellan para ofrecerle a usted: ¡Yo lo atiendo! ¿Se ha dado cuenta cómo lo hacen? ¡Por supuesto ésta es una ironía! La antítesis de lo que sucede en la realidad. En la mayoría de las organizaciones la gente parece que no entiende que el cliente es la parte nuclear y fundamental de la empresa, que es hay quien hay que servir. Por esta razón es tan importante darle motivos a la gente para hacer las cosas bien; para que pueda desarrollar su trabajo con alegría, entrega, firmeza y con gran compromiso.

Hemos visitado empresas en los cinco continentes, llevamos más de tres décadas buscando la Excelencia , y en esta búsqueda hemos identificado empresas de Excelencia en todo el mundo; en algunas zonas, por supuesto, abundan más que en otras, por ejemplo: La Cuenca del Pacífico, Estados Unidos de Norteamérica, Europa…. En otras partes del mundo son menos numerosas, pero también existen: América Latina, Australia, en la misma África. ¿Cuál es el común denomidador que hemos encontrado entre las empresas de Excelencia y las empresas mediocres? Solamente uno: En las empresas de Excelencia la gente tiene motivos para servir y en las otras tienen motivos para no servir. A esta actitud le hemos llamado: “la cultura del pujido”. Porque hay personas que al momento que suena el despertador, con la primera hora de la mañana sueltan el primer pujido del día, se vuelven a acurrucar en la cama y piensan: ¡Otro ratito más! Y pujan para ir a desayuna, pujan para tomar el autobús, pujan para llegar al trabajo. De todo se quejan, todo les cuesta trabajo, cualquier esfuerzo adicional para ellos es una obra monumental, casi imposible de realizar.

En cambio, en las empresas de Excelencia, la gente quiere llegar temprano, quiere resolver problemas, quiere atender al público, quiere ofrecer una sonrisa, y esto es, por supuesto una actitud mental positiva. Después de tres décadas de investigación, hemos llegado a una conclusión: ¿Qué es la productividad? Una actitud mental. ¨ ¡Una actitud mental de querer hacer las cosas!

Si usted es padre de familia, reflexione: ¿Qué desearía usted para sus hijos? ¿Qué sus hijos tengan que estudiar o quieran estudiar?, ¿tengan que arreglar su habitación o quieran arreglar su habitación?

El gran desafío del ser humano es buscar en nosotros los motivos que son los resortes y los impulsores para que hoy podamos vivir; realizar cada tarea con tal entusiasmo que nosotros mismos quedemos sorprendidos. Para ello es fundamental superar el síndrome de querer hacer las cosas. ¿Usted señora, tiene que hacer la comida o le gustaría querer hacer la comida? Usted que va rumbo a su trabajo, ¿tiene que trabajar….o quiere trabajar? Hay que buscar los motivos centrales para querer, los motores que nos puedan impulsar en la vida. Si todo en usted es tener que hacer las cosas, le quiero decir que usted se está muriendo en vida y va a quejarse el resto de su existencia. Si tuviéramos nosotros, como padres de familia, la habilidad de darle motivos a nuestros hijos para que quieran estudiar; motivos para respetar a sus padres; motivos para convivir con sus hermanos; motivos para ayudar al prójimo.

Les quiero confesar que yo tengo una oración que todas las noches digo a Dios: “¡Hoy me puedo morir!” No por lo que he logrado, creo que me falta mucho por lograr: “Dios, hoy me puedo morir porque todo lo que hice, lo hice intensamente, con pasión, con una entrega absoluta; si tuve que escribir, escribí; si tuve que dar una charla, la hice con el corazón en la mano; si tuve que compartir una comida, la disfruté plenamente…..” ¿Sabe qué es importante? Encontrar los motivos para vivir, los motivos para amar. ¿Usted tiene pareja? Piense que todos los días tenemos una tarea: Darle motivos a nuestra pareja para que nos ame, un motivo cada día, nada más.

Las causas son externas y los motivos son internos; la causa de mi alegría puede ser la droga o el alcohol; ¿acaso no será más importante encontrar motivos para estar alegre sin necesidad de alcohol y de drogas? Tenemos el más poderosos estimulante dentro de nuestro propio corazón: Los motivos para vivir.

Finalmente, les obsequio el siguiente pergamino para su reflexión:

Sonreír

  • Sonríe al despertar, te dispondrá a tener un día de éxito
  • Sonríe al saludar, obsequiarás alegría a los demás
  • Sonríe al trabajar, disfrutarás tus responsabilidades
  • Sonríe al ordenar, y tu gente más fácilmente se dejará conducir
  • Sonríe al servir, enriquecerás todo lo que hagas por los demás
  • Sonríe al preguntar, este te facilitará las respuestas
  • Sonríe al hablar, harás más grata tu presencia
  • Sonríe y embellecerás tu rostro, será una señal para atraer la atención de aquellos a quienes amas. Y si ante la adversidad te atreves a esbozar una sonrisa, tu espíritu se ennoblecerá.
  • Recuerda siempre que para dar rienda suelta a tu alegría la expresión más sublime de tu alma será tu sonrisa.

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