Frases de Alexander Fleming

Frases de Alexander Fleming

Frases de Alexander Fleming

Alexander Fleming fue un científico escocés del siglo XIX y XX (nació el 6 de agosto de 1881 y murió el 11 de marzo de 1955) conocido principalmente por el descubrimiento de las propiedades antibacterianas de la penicilina y la lisozima.

Nació en el seno de una familia campesina de Darvel (Ayrshire), un pequeño pueblo del suroeste de Escocia. A los 13 años decidió mudarse a Londres con su hermano John y un hermanastro, que por aquel entonces estaban estudiando medicina.

En Londres, influenciado por sus relativos y gracias a una beca de estudios, Fleming comenzó a estudiar medicina en el St. Mary’s Hospital Medical School de Paddington. A los 25 años, antes de terminar su carrera, se adentró en el mundo de la bacteriología trabajando en el laboratorio del inmunólogo Almroth Wright. A partir de ese momento dedicó el resto de su vida al estudio de las infecciones bacterianas.

Frases de Alexander Fleming

 

Yo siempre fui humilde en el regimiento; jamás discutí una orden de un sargento o de un cabo; respecto a los oficiales, no recuerdo haber recibido nunca una orden directa de ellos.

 

Un jardinero no debe ser impaciente. Las flores necesitan tiempo para desarrollarse; si se intenta apresurar su crecimiento, se les hace más mal que bien. Se las puede proteger contra los elementos, se las puede dar de comer y de beber, pero no resulta difícil matarlas si se las proporciona demasiada comida o bebidas demasiado fuertes. Ellas responden a la simpatía; son capaces de soportar tratamientos extremadamente duros. En resumen, se parecen mucho a los seres humanos.

 

Mi mayor suerte consistió en ser educado como miembro de una familia numerosa en una granja de las landas. No teníamos dinero para gastar, pero tampoco teníamos gastos. Teníamos que inventar nuestras diversiones, pero era fácil. ¿No poseíamos los animales de la granja, los peces y los pájaros? Sobre todo, aprendíamos inconscientemente mil cosas que los habitantes de la ciudad ignorarán toda su vida.

 

Hay reglas sencillas para el uso de la Penicilina: usarla sólo para los microbios que sean vulnerables a ella, aplicar la dosis indicada y que el tratamiento dure lo suficiente para eliminar la infección; siguiendo estas reglas, todos quedarán satisfechos; de lo contrario, el resultado será decepcionante.

 

A veces uno realiza un hallazgo cuando no lo está buscando.

 

No son los vestíbulos de mármol los que proporcionan la grandeza intelectual, sino el alma y el cerebro del investigador.

 

El investigador sufre las decepciones, los largos meses pasados en una dirección equivocada, los fracasos. Pero los fracasos son también útiles, porque, bien analizados, pueden conducir al éxito.

 

Los fracasos son también útiles, porque, bien analizados, pueden conducir al éxito.

 

A veces uno realiza un hallazgo cuando no lo está buscando.

 

Para el investigador no existe alegría comparable a la de un descubrimiento, por pequeño que sea.

 

Si la penicilina puede curar a los enfermos, el vino puede resucitar a los muertos.

 

Vuestras reuniones han sido presididas por coroneles, capitanes, sargentos y demás, pero es la primera vez que vuestro chairman es un humilde soldado de segunda clase.

 

Yo siempre fui humilde en el regimiento; jamás discutí una orden de un sargento o de un cabo; respecto a los oficiales, no recuerdo haber recibido nunca una orden directa de ellos.

 

La humildad acarreaba grandes ventajas. No era necesario pensar, bastaba obedecer. El oficial sí que estaba obligado a pensar, ya que la mayoría de las veces no sabía en absoluto lo que era necesario hacer y, sin embargo, tenía que hacer algo o descargar su responsabilidad en el sargento mayor.

 

El sargento mayor tampoco lo sabía, pero como no podía responsabilizar a nadie, tenía que dar una orden inteligente o no.

 

Respecto a los sargentos, siempre estaban seguros de sí mismos, sobre todo cuando no sabían nada de un asunto

El investigador sufre las decepciones, los largos meses pasados en una dirección equivocada, los fracasos. Pero los fracasos son también útiles, porque, bien analizados, pueden conducir al éxito. Y para el investigador no existe alegría comparable a la de un descubrimiento, por pequeño que sea.

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