Frases de Diana de Gales

Frases de Diana de Gales

Frases de Diana de Gales

Diana, princesa de Gales (Sandringham, Inglaterra; 1 de julio de 1961-París, Francia; 31 de agosto de 1997), registrada al nacer como Diana Frances Spencer, fue la primera esposa de Carlos de Gales, el heredero de la Corona británica, con quien tuvo dos hijos, Guillermo y Enrique.

Desde que se conociera la relación entre el príncipe de Gales y la joven aristócrata, lady Di se convirtió en un fenómenos sociológico y mediático. Su boda con Carlos se celebró el 29 de julio de 1981 en la Catedral de San Pablo de Londres con el príncipe Carlos de Gales, trece años mayor que ella. Todas las casas reales asistieron al enlace, con excepción del rey Juan Carlos I de España, quien declinó la invitación puesto que la luna de miel de la pareja incluía una escala en Gibraltar.

Frases de Diana de Gales

 

Sentí que tenía que proteger a James (James Gilbey), que él siempre había sido y continuaba siendo muy buen amigo; no podía soportar la idea de que su vida se complicara por estar relacionado conmigo. Y eso me preocupaba. Protejo mucho a mis amigos.

 

Sí, la conversación telefónica existió. Él es una persona muy cariñosa. Pero de esa conversación se concluyó que habíamos mantenido una relación adúltera, y eso no es cierto.

 

No sé cómo se filtró nuestra conversación, pero la intención fue perjudicarme; esa fue la primera vez que tomé conciencia de lo que se sentía al no ser considerada de la familia.

 

Con esa conversación (de James Gilbey), intentaron conseguir que la gente cambiara su actitud hacia mí. Si nos divorciábamos, mi marido tendría mejores cartas que yo, como si estuviésemos hablando de jugar al póquer o al ajedrez.

 

Después de algunos años, te ves a ti misma como un buen producto que se vende bien, en un estante, y como la gente hace mucho dinero a expensas de ti.

 

En Palacio creo que todos estaban muy tensos con la situación; veían que había problemas, pero no querían interferir; aunque, estaban ahí, nos hacían saber que estaban ahí si les necesitábamos.

 

Mi marido amaba a otra persona.

 

A pesar de todo, soy afortunada por haber encontrado mi papel, tengo plena conciencia de ello, y me encanta estar con la gente.

 

James Hewitt fue un gran amigo mío en otro momento muy difícil de mi vida, siempre estuvo ahí para apoyarme. Quedé destrozada cuando apareció ese libro, porque yo confiaba en él y porque, como en otras situaciones, me preocupaba cómo reaccionarían mis hijos.

 

limpiar mi imagen y mis hijos, son mis prioridades.

 

Estoy comenzando a declarar abiertamente la verdad, porque el próximo diciembre hará tres años que estamos separados (del príncipe Carlos de Gales) y la imagen que se ha dado de mí en estos tres años ha sido muy confusa, turbulenta., y estoy segura de que mucha gente duda de mí en ciertos aspectos.

 

Dicen que realicé trescientas llamadas telefónicas al Sr. Oliver Hoare en un período muy corto de tiempo, por lo que, teniendo en cuenta la vida que llevaba en aquella época, realmente no dispuse de tiempo para nada. No, no las hice, no las hice. Pero esa fue otra gran maniobra para desacreditarme, y casi lo consiguen.

 

Sé que en el libro de James Hewitt había pruebas concretas y ciertas, pero muchas otras fueron fantasía, no tenían nada que ver con la realidad.

 

Asumo parte de la responsabilidad por el rumbo que tomó nuestro matrimonio.

 

Quisiera asegurarle a toda la gente que me ha querido y apoyado durante estos últimos quince años, que nunca le voy a decepcionar.

 

La vida es sólo un viaje.

 

El mayor problema en el mundo de hoy es la intolerancia.

 

Lleva a cabo un acto de bondad al azar, sin esperar recompensa, con la certeza de que algún día alguien podría hacer lo mismo por ti.

 

Me gusta tocar a las personas, es un gesto que me nace naturalmente, no es premeditado, brota del fondo de mi corazón.

 

Hay que dejarse guiar por el corazón, no sólo por la cabeza.

 

Todo el mundo es tan intolerante con los demás.

 

Mi padre me enseñó a tratar a todos por igual.

 

Espero que mis hijos sigan mi ejemplo, que traten de entender las inseguridades, emociones, angustias, sueños y esperanzas de los más necesitados.

 

En este matrimonio éramos tres, demasiada gente.

 

La mayor dolencia que el mundo sufre actualmente es el mal de la falta de amor.

 

Sé que puedo dar mucho a esas personas carentes de afecto, por un minuto, una hora, un día o un mes, y es eso lo que quiero hacer.

 

Es preciso que alguien que posea una vida pública pueda dar cariño y afecto a las personas, hacerlas sentir importantes.

 

Nada me hace más feliz que intentar ayudar a los más débiles y vulnerables de la sociedad.

 

Mi título es más antiguo que el tuyo (duque de Edimburgo y esposo de la reina Isabel II).

 

Me gustaría ser la reina en los corazones de la gente, pero yo no me veo siendo la reina de este país.

 

Antes que tener un hombre, en realidad, un trabajo gratificante es mejor para mí.

 

A los 19 años una siempre cree estar preparada para todo y que sabe a lo que se va a enfrentar.

 

En aquel momento me sentía intimidada ante las perspectivas de futuro, pero también sentía que contaba con el apoyo de mi futuro marido.

 

No me sentía ni me siento tensa por las responsabilidades que conlleva mi posición.

 

La responsabilidad era y es un desafío. En cuanto a convertirme en reina, no era mi principal preocupación cuando me casé con mi marido: eso estaba muy lejos todavía.

 

Lo que más me intimidaba de toda aquella situación, era la atención de la prensa, porque cuando nos comprometimos nos dijeron que los medios nos dejarían relativamente tranquilos, y no fue así.

 

Cuando nos casamos, la prensa volvió a comprometerse a dejarnos tranquilos, pero volvió a reincidir, y a concentrarse demasiado en mí. Prácticamente todos los días salía en la portada de los diarios, lo que te aísla; cuanto más alto te ponen los medios más abrupta es la caída. Y yo era plenamente consciente de eso.

 

Me llevó mucho tiempo comprender por qué la gente se interesaba tanto por mí, siempre supuse que era porque mi marido había manejado magníficamente los acontecimientos previos a nuestro matrimonio y también nuestra relación.

 

El instinto de una mujer en una relación es la mejor prueba de que algo no va bien.

 

Fue horrible…, encajar algo así. Sufrí una bulimia incontrolable, si se puede describir así, y también una sensación de no servir para nada, de ser inútil, de no tener esperanza ninguna, de haber fracasado en todo.

 

No, nunca nadie se sentó frente a mí con un papel y me dijo: Esto es lo que le espera de usted.

 

Por cambios en el comportamiento de mi marido, por todo tipo de razones que rezuma el instinto de una mujer; simplemente lo sabía. Ya todo era difícil antes, pero en aquellos momentos todo se hizo cada vez más y más complicado.

 

En 1986, según la biografía de Jonathan Dimbleby, mi marido retomó la relación con Camilla Parker-Bowles, pero yo no podía hacer nada al respecto.

 

Lo más importante en la vida es la familia.

 

La enfermedad más grande que sufre el mundo actual es la enfermedad de la gente que se siente no amada.

 

Quiero entrar en una habitación, estar en el hospital con los que están muriendo o en un hospital con niños enfermos, quiero sentir que se me necesita.

 

Sólo quiero que alguien esté ahí para mí, sentirme segura y protegida.

 

Quiero hacer algo, no sólo estar.

 

Si alguien que precisa de mí, me llama, voy a su encuentro no importa dónde esté.

 

Nunca me consideré a mí misma como la reina de mi país.

 

Me gustaría ser la reina en el corazón del pueblo.

 

Vivo por mis hijos, estaría perdida sin ellos.

 

Lo más importante en la vida es la familia.

 

La enfermedad más grande que sufre el mundo actual es la enfermedad de la gente que se siente no amada.

 

Quiero entrar en una habitación, estar en el hospital con los que están muriendo o en un hospital con niños enfermos, quiero sentir que se me necesita.

 

Sólo quiero que alguien esté ahí para mí, sentirme segura y protegida.

 

Quiero hacer algo, no sólo estar.

 

Si encuentras a alguien que amas en la vida, entonces aférrate a ese amor.

 

Ayudar a los más necesitados es una parte esencial de mi vida, una especie de destino.

 

La amabilidad y el cariño de las personas me han guiado a través de algunos de los momentos más difíciles, y siempre con su amor y afecto me han facilitado el viaje.

 

La felicidad es la conjunción de muchas cosas. Se es más feliz en la medida en que se consiguen.

 

La gente piensa que al final del día un hombre es la única respuesta.

 

No quiero regalos caros, no quiero comprar nada. Tengo todo lo que quiero.

 

Yo no sigo un libro con normas.

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