Frases de Sor Juana Inés de la Cruz

Frases de Sor Juana Inés de la Cruz

Frases de Sor Juana Inés de la Cruz

Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, más conocida como sor Juana Inés de la Cruz (San Miguel Nepantla, Nueva España, 12 de noviembre de 1648​ – México, Nueva España, 17 de abril de 1695) fue una religiosa jerónima y escritora novohispana, exponente del Siglo de Oro de la literatura en español.

Con gran disciplina y tenacidad propias de una autodidacta, Sor Juana Inés de la Cruz recurrió a métodos de estudio que causaron gran asombro. En su adolescencia, cuando pudo complacerse de su propia figura, utilizaba una especie de reloj muy particular para medir el progreso en sus estudios: se cortaba el cabello muy corto, más de lo normal, hasta que aprendiera un tema en profundidad.

Frases de Sor Juana Inés de la Cruz

 

Detente, sombra de mi bien esquivo, imagen del hechizo que más quiero, bella ilusión por quien alegre muero, dulce ficción por quien penosa vivo.

 

Dime vencedor rapaz, vencido de mi constancia, ¿qué ha sacado tu arrogancia de alterar mi firme paz?

 

Y así, amor, en vano intenta tu esfuerzo loco ofenderme: pues podré decir, al verme expirar sin entregarme, que conseguiste matarme mas no pudiste vencerme.

 

Si daros gusto me ordena la obligación, es injusto que por daros a vos gusto haya yo de tener pena.

 

Baste ya de rigores, mi bien, baste, no te atormenten más celos tiranos, ni el vil recelo tu quietud contraste con sombras necias, con indicios vanos: pues ya en líquido humor viste y tocaste mi corazón deshecho entre tus manos.

 

Este amoroso tormento que en mi corazón se ve, sé que lo siento, y no sé la causa por qué lo siento.

 

En el mismo poema: “Con poca causa ofendida, suelo, en mitad de mi amor, negar un leve favor a quien le diera la vida.

 

Salgan signos a la boca de lo que el corazón arde, que nadie, nadie creerá el incendio si el humo no da señales.

 

Yo no puedo tenerte ni dejarte, ni sé por qué, al dejarte o al tenerte, se encuentra un no sé qué para quererte y muchos sí sé qué para olvidarte.”

 

Si es mío mi entendimiento, ¿por qué siempre he de encontrarlo tan torpe para el alivio, tan agudo para el daño?

 

En el mismo poema: “También es vicio el saber, que si no se va atajando, cuando menos se conoce es más nocivo el estrago…

 

Estos versos, lector mío, que a tu deleite consagro, y sólo tienen de buenos conocer yo que son malos, ni disputártelos quiero, ni quiero recomendarlos, porque eso fuera querer hacer de ellos mucho caso.

 

En perseguirme, Mundo, ¿qué interesas? ¿En qué te ofendo, cuando sólo intento poner bellezas en mi entendimiento y no mi entendimiento en las bellezas?

 

Sin claridad no hay voz de sabiduría.

 

Constante adoro a quien mi amor maltrata; maltrato a quien mi amor busca constante.

 

En el mismo poema: “Triunfante quiero ver al que me mata; y mato a quien me quiere ver triunfante.

 

Para todo se halla prueba y razón en qué fundarlo; y no hay razón para nada, de haber razón para tanto.

 

Si al imán de tus gracias atractivo sirve mi pecho de obediente acero, ¿para qué me enamoras lisonjero, si has de burlarme luego fugitivo?

 

No estudio por saber más, sino por ignorar menos.

 

La más brillante de las apariencias, puede cubrir las más vulgares realidades.

 

Y aunque es la virtud tan fuerte, temo que tal vez la venzan. Que es muy grande la costumbre y está la virtud muy tierna.

 

Amor empieza por desasosiego, solicitud, ardores y desvelos; crece con riesgos, lances y recelos; sustentase de llantos y de ruego.

 

Yo bien quisiera, cuando llego a verte, viendo mi infame amor poder negarlo; más luego la razón justa me advierte que sólo me remedia en publicarlo; porque del gran delito de quererte sólo es bastante pena confesarlo.

 

Siempre tan necios andáis que con desigual nivel a una culpáis por cruel y a otra por fácil culpáis. ¿Pues cómo ha de estar templada la que vuestro amor pretende, si la que es ingrata ofende y la que es fácil enfada?

 

En el mismo poema: “¿Pues para qué os espantáis de la culpa que tenéis? Queredlas cual las hacéis o hacedlas cual las buscáis.

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