Juzgando a mi próximo

Juzgando a mi próximo

Juzgando a mi próximo

Uno de los monjes de Esceta cometió una falta grave y llamaron al ermitaño más sabio para que pudiera juzgarla.

El ermitaño rehusó, pero insistieron tanto que terminó yendo. Llegó allí , cargando en la espalda un balde agujereado, de donde se escurría arena.

– Vine a juzgar a mi prójimo – dijo el ermitaño al superior del convento. Mis pecados se están escurriendo detrás mío como la arena se escurre de este balde. Pero como no miro hacia atrás y no me doy cuenta de mis propios pecados, fui llamado para juzgar a mi prójimo!

Al escucharlo, los monjes desistieron de aplicar el castigo.

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