La agresión pasiva. Un enemigo silencioso

La agresión pasiva. Un enemigo silencioso

Este Post Trata Sobre La agresión pasiva. Un enemigo silencioso

Como sucede con todos los sistemas humanos, en los equipos de trabajo, eventualmente surgen conflictos que deben ser resueltos para garantizar el mejor funcionamiento de la empresa.

Algunas organizaciones se empeñan en no enfrentarlos eficazmente y aplican la política del avestruz, en la creencia de que “si no se habla de ellos, desaparecerán o se resolverán solos”.

Tal forma de pensar ha demostrado, no solo ser ineficiente para controlar los efectos nocivos de la conflictividad, sino que en más ocasiones de lo que sería esperable, resulta ser un factor contribuyente para complicar aún más las cosas.

Estudios longitudinales de eficiencia empresarial han demostrado que los conflictos no resueltos tienden a enquistarse en los equipos y a expandir sus consecuencias indeseables, contribuyendo a entrabar hasta el más mínimo proceso de negociación o interacción productiva entre las partes involucradas, con la consiguiente pérdida de poder competitivo en el mercado.

Es por ello que un liderazgo eficiente, no puede voltear la cabeza ante la aparición de distorsiones en el plan de trabajo y dejar al azar la resolución de los temas que puedan aparecer dentro de él.

Desde la misma formación del equipo o desde el momento mismo de asumir su posición, un buen líder diagnostica las posibles fuentes de conflictividad y promueve mecanismos para solventarla, antes de que se produzca un nefasto escalamiento, de pronóstico muy negativo.

La causa más frecuente de problemas en los equipos, es la asignación de los niveles de mando.

Muchas veces, los subalternos se sienten relegados en las promociones que otorga la empresa y reaccionan adversamente al sentirse bajo las órdenes de alguien a quien consideran menos preparado para asumir un cargo directivo.

La conducta más común que adopta el personal ante la imposición de normas o de una conducción que no inspira respeto, es la de agredir pasivamente.

La rebeldía no declarada o activa, se convierte en un acto de protesta el cual se expresa usualmente en forma de sabotaje silencioso.

Las tardanzas en la llegada al trabajo, la lentitud en el procesamiento de informes o trámites de alguna clase, la dificultad para llevar a cabo tareas de una mediana dificultad, así como una especie de incapacidad para acatar o comprender órdenes sencillas, son algunas de las formas cómo se puede advertir el disgusto de los integrantes de un equipo de trabajo.

Los “accidentes” frecuentes, en los cuales se dañan utensilios y aparatos en la oficina o se pierde material valioso, reflejan también la fea cara de la agresión pasiva.

Un deber impostergable del liderazgo eficiente, es entender el significado de tales acciones, más allá de la simplista opción de “la flojera” o la “incapacidad” de tal o cual funcionario o del grupo como un todo.

El líder que está alerta, codifica esas situaciones como conductas intencionadas, aún cuando sean inconscientes y así se lo hace ver a quienes puedan estar incurriendo en ellas.

Lo más conveniente es hacer esto de una manera no represiva, sino como un llamado de atención que debe ser tomado en cuenta para su discusión.

Al principio, lo mejor es hablar individualmente con cada uno de los “insatisfechos” y explorar las causas que les llevan a actuar de esa manera, sin resignarse ante explicaciones o justificaciones basadas en el descuido o la no intencionalidad.

Si con esto no mejora el funcionamiento del equipo, entonces lo mejor es efectuar una reunión grupal, en la cual cada uno pueda hablar de la forma como percibe su rol en la organización y aceptar el compromiso de hallar soluciones posibles a lo que consideren como lesivo o insatisfactorio.

Quien ejerce la función de liderazgo en estos casos, debe ser un facilitador de los procesos que conduzcan a la desaparición de la agresión pasiva, interpretando adecuadamente cada posición y buscando puntos de acuerdo que favorezcan la comunicación y una buena disposición a colaborar, más que a sabotear.

Es conveniente recordar que muchas organizaciones en la historia han sufrido más por los efectos de la “corrosión interna”, que por los vaivenes del mercado o las crisis financieras que se hayan podido presentar en el mundo.

Basta repasar cualquier crónica acerca de las industrias de guerra que han empleado obreros provenientes de los pueblos conquistados, para tener una gráfica muy elocuente de lo que significa el poder de la rabia contenida y expresada silenciosamente.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *