Sanando las adicciones

Sanando las adicciones

Sanando las adicciones. Siempre que un individuo se encuentra ante una situación angustiante que le ofrece alguna dificultad, que se opone o se resiste al logro de sus expectativas, se genera en nosotros una fuerte ansiedad en la que se mezclan sentimientos de impotencia, frustración, minusvalía, rabia y desolación. Acto seguido, tendemos a reaccionar de una manera impulsiva e inconsciente mediante la repetición de una conducta evasiva habitual -generalmente la misma, con la que simplemente intentamos alejarnos de la experiencia desagradable y nos refugiamos temporalmente en una complacencia sensorial o en alimentar una fantasía ilusoria que compense nuestro dolor. Con lo que posteriormente quedamos en una condición aun peor, sintiéndonos miserables y culpables, y por tanto, para eludir este nuevo dolor volvemos a consumir para mitigar un poco la pena.

 

Esto nos pasa en mayor o menor grado a todos, lo que cambia es el tipo de adicción y las repercusiones físicas y psicológicas que cada tipo de adicción puede ocasionar. Los individuos con fuertes tendencias a la repetición compulsiva e irracional de conductas que les son perjudiciales, son personalidades con una marcada tendencia adictiva, que han experimentado dificultades en acoplarse y en aceptar las dificultades que les presenta la experiencia corpórea y por tanto, para madurar y crecer emocionalmente. Los rasgos de inmadurez emocional los ponen en desventaja a la hora de afrontar y sobreponerse ante las situaciones conflictivas, en las cuales las circunstancias ofrecen resistencia a los propios intereses.

Estas personas cuentan con un bajo nivel de tolerancia, marcada impaciencia, intemperancia y fácil irritabilidad, con tendencias a ser inconstantes, cómodas y hedonistas, y también, muy capaces de autoengañarse y de mentir -pues les cuesta enormemente reconocer y aceptar sus problemas. En ellas se encuentran mermadas las fortalezas de espíritu, de carácter y de compromiso personal que son requeridas para la realización de cualquier logro, de cualquiera meta o fin ulterior que los impulse a trascender. Por tanto, viven continuamente con altos niveles de frustración y desvalorización que no saben manejar más que evasivamente. Por tal razón, además de los tratamientos desintoxicantes de rigor, del manejo de la abstinencia, y la terapia emocional que atienda las carencias emocionales, los traumas, los conflictos y las tendencias autodestructivas, se impone la necesidad de fortalecer el carácter con la adquisición de una férrea y efectiva Disciplina y con las herramientas que nos ayuden a manejar las frustraciones.

Es fundamental disponer de una disciplina de acción que fomente hábitos saludables y las destrezas, fortalezas y habilidades que requiere un adulto para orientarse responsablemente hacia una vida de logros y realizaciones. La disciplina es lo único que puede contrarrestar el sabotaje que sobre sí mismo ejercen las debilidades de la personalidad inmadura; la disciplina es el único medio que puede acercarnos al logro… muy a pesar de nosotros mismos.

Las personas con adicciones fuertes suelen ser personalidades del tipo obsesivo-compulsivas. Por lo tanto, son individuos que cuando se proponen algo podrían lograr. Con la misma fuerza con la que abrazan un consumo adictivo que de alguna manera los perjudica, con la misma fuerza orientada en un sentido constructivo pueden concentrar toda esa energía de manera consciente para el logro de cualquier meta que se propongan. La diferencia es que la adicción suele ser una evasión inconsciente en alguna dirección, mientras que lo otro es más bien un proyecto de naturaleza consciente que implica un esfuerzo.

Muchas personas que han “logrado” vencer una adicción fuerte mediante la abstinencia, se comportan compulsiva y obsesivamente en otras áreas de sus vidas. Han ido de un extremo de consumo desenfrenado a la total abstención, y eso lo han logrado con una extrema rigidez e inflexibilidad de carácter, que no es más que otro rasgo de la personalidad obsesiva compulsiva. Pero solo saben hacer las cosas yéndose a los extremos, para ellos no hay términos medios, “o todo o nada”. Por supuesto que esto no refleja más que su pánico a recaer, porque reconocen su frágil debilidad y no saben manejarse, solo contenerse.

El tema del control se convierte en un aspecto dramático y relevante en sus vidas. Por eso se convierten en fanáticos religiosos, trabajo-adictos, e incluso me atrevo a afirmar que los ascetas, los monjes, los “santos”, los mártires, y seguramente deportistas y los atletas y la mayoría de los triunfadores en cualquier área, poseen también personalidades de tipo adictivas que han encontrado una manera, socialmente aceptada y definitivamente menos injuriosas para el cuerpo de sacar constructivamente provecho de las “ventajas” de su personalidad. Aunque en realidad, no es más que otra manera de expresar la condición adictiva. Obsesionados por unas fuertes creencias o ideales y por realizar compulsivamente con firmeza sus determinaciones, han sustituido una adicción fuerte de tipo destructivo por otra adicción de tipo constructivo. Han sustituido los placeres sensuales otorgados por la inconsciencia, por las satisfacciones que les brinda el alcanzar los logros que se proponen de manera consciente y constructiva.

También suele ocurrir que al suspenderse radicalmente alguna adicción mayor muy perjudicial y censurable como es el caso de las drogas, se desplace la ansiedad de fondo hacia el consumo de alguna otra sustancia menos atacada, como puede ser el cigarrillo, el café, los chocolates o la comida; lo cual lo conducirá inevitablemente a los problemas posteriores de salud que estos acarrean. No podemos negar nuestra Naturaleza, porque tarde o temprano se expresará.

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Al principio, el Espíritu se ve involuntariamente impedido a entrar en la materia y a iniciar un proceso de evolución y aprendizaje -ya que el Espíritu tiene que evolucionar en la materia. Digamos que las limitaciones de este plano representan unas restricciones no satisfactorias y seguramente indeseables que generan en él -Espíritu encarnado con su alma- un vacío existencial que busca compensar con las experiencias sensoriales placenteras.

De esta manera surgen posteriormente las apetencias, los apegos y las Espíritus experimentan adicciones leves y otros fuertes. Las fuertes tienen el inconveniente de ser generalmente destructivas porque suelen abusar de alguna sustancia que deteriora el vehículo físico -aunque no afecta para nada al Espíritu-. Tomando esto en cuenta, podemos concluir que las adicciones no son de la carne como se suele expresar, sino más bien apetencias muy justificadas del Espíritu. La abstinencia no parece ser un medio efectivo para solucionar el problema porque tan solo postergamos la satisfacción de una urgencia existencial. Suprimimos una conducta que no es más que la manifestación visible de una necesidad vital de fondo que permanecerá insatisfecha.

Esto trae como consecuencia que después de desencarnar, nos llevemos la adicción en el alma al otro plano y seguramente volveremos con ella en nuestra próxima encarnación. Existen dos maneras posibles de enfrentar esta problemática corporal que nos trae tantos sin sabores en un nivel social y laboral. La primera es mediante la Renuncia asumida que se da cuando las personas adoptan una ideología, una convicción o”fe religiosa” con la cual -en función de una promesa de iluminación, de la liberación o de un premio en una “vida futura”, fortalecen su voluntad y tienen una compensación interior por alcanzar altos ideales, que alimenta sus esperanzas y su determinación para poder prescindir de las llamadas tentaciones y pecados de la carne.

Esta es una vía muy austera, llena de privaciones y ascetismo que no puede ser emulada por cualquier persona y que requiere de una convicción ideológica fundamental que tampoco puede ser impuesta.La segunda se fundamenta en la sustitución de una adicción mayor para el cuerpo por una menos perjudicial o por múltiples adicciones menores. Esta es una estrategia más contemporarizadora, pues no niega nuestro derecho a satisfacer el vacío existencial de fondo, sino que pretende diluir la intensidad de su impacto en el organismo.Necesitamos comprender que las adicciones no son simplemente enfermedades, anormalidades, o aberraciones, o tan solo debilidades de una personalidad inmadura, sino que forman parte de una dinámica de vida en la que todos nos encontramos inmersos. Pero no todos estamos dotados con los mismos recursos, cada cual tiene sus propias fortalezas y debilidades y también un aprendizaje particular que realizar en cada existencia. El manejo de las apetencias es uno de ellos, y para muchos es el principal asunto por resolver y la principal lección por aprender.

Es un derecho legítimo de cada Espíritu el libre albedrío. Todos tenemos igualdad de oportunidades y de atributos para hacer nuestras propias elecciones, y libertad para cambiar nuestros destinos. Nadie puede decidir por otro ni nadie esta en una mejor posición que otro para juzgarlo, porque cada quién está en su propio camino y experimenta sus propias bendiciones y dificultades.

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